Los Hechos / José Inés Figueroa Vitela

No hay día sin mujeres

Martes 10 de Marzo del 2020

Por: José Inés Figueroa Vitela

21:25 Hrs.

¡Hoy no se trapea la casa!, grité con tal estruendo y sigilo en mi mente, que ni la vista me cambió, ni los músculos del rostro se movieron un ápice.

Nadie se dio por enterada y esa era la intención, así que sumé otra “misión cumplida” en mi agenda de inicio de semana.

Muchas veces le pregunté a mi esposa ¿para qué trapeas?, como un indicativo condescendiente a no hacerlo, pero nunca me hizo caso.

Soy de la idea que barrer es suficiente y la trapeada solo debe darse, al momento, cuando algo se derrame en el piso.

Soy de la generación precursora a la actual, que no le saca la vuelta a las labores del hogar y mi esposa, igual, “le entra a todo”, pero ni ella ni yo, hacemos cotidianamente todo el quehacer de la casa.

Este lunes, doña MINE se quedó en su casa, en honor al Día sin Mujeres y en la nuestra, como buenos feministas, nos comprometimos a conceder la ausencia de las damas en las actividades cotidianas.

Me gusta encontrarle el lado amable a las cosas, así que, en su ausencia, haría valer mis principios; temprano me puse a hacer de almorzar -lo que no es extraño en las jornadas sabatinas y hoy estaba declarando un “fin de semana largo”- y a recoger la cocina, regodeando en el “día sin trapear”.

Tras la cocinada, barrí la cocina, pero terminada la jornada, no acababa de verse limpio.

Ya con lentes, aprecié las manchas regadas por distintas partes del piso; todavía me resistí a trapear y fibra en mano, tallé cada punto hasta desaparecer los signos de la suciedad, al paso de “el trapo” secador.

Habría sido más fácil trapear y no tener qué, en este punto pedir discreción a ustedes, pues si se enteran en casa que usé la fibra y la tela de la cocina en el piso -expresamente prohibido en repetidas ocasiones-, ignoro las consecuencias, pero no serán buenas, tersas, amables.

Sé que hay muchas otras actividades en casa, pero bueno, la de la cocina es un poco de todo y resulta emblemática -seguí justificándome-, así que saliendo de ello, me dispuse a ir a trabajar, no sin antes recibir el reclamo de mis hijas, por no haber dado el día a las dos empleadas de la oficina.

“Si les dije, pero no me contestaron nada”, quise otra vez justificarme.

Debí haberlo dicho en voz muy baja o en su ausencia, porque no se dieron por enteradas, pero además, hay tareas que ellas hacen y no sé hacer yo -les expliqué-, mediando promesa de “ponerme al día”, para poder cubrirlas a la otra.

Inconscientemente, le pedí a mi esposa me llevara al taller mecánico, para sacar el carro, que estaba descompuesto y ya habían avisado de su reparación.

En el trayecto le entró una llamada.

¿Dónde andas?, le preguntaron y entonces vino la explicación-reclamo: pues aquí, dizque en paro por el Día sin Mujeres, pero me traen de chofer.

No me vio, porque iba manejando, pero yo como quiera me encogí de hombros e hice una expresión que quiso ser otra disculpa, buscando alguna suerte de resignación amorosa.

Un amigo, que trabaja en el servicio público igual la había visto fácil: va a ser como otro “día de la madre”, en que se les concede el día; los contratiempos abundaron con las medianas ausencias, que nunca fueron totales por los corrillos gubernamentales.

En muchos lugares, como en la delegación del ISSSTE, se emitieron oficios abriendo el permiso para la ausencia femenil, pero los jefes inmediatos cerraron las puertas, para que no se fueran.

Comprando la despensa -otra actividad que no me es extraña-, ya en la caja, recordé lo de tantas veces que, yendo a mercar una cosa, termino con otras.

“Hoy me mandaron al pollo -prensé-… ¿el pollo?”, entonces caí en la cuenta que el carrito iba a la mitad, pero no incluía el encargo principal, así que desandé el camino, a toda prisa, tratando de recuperar mi espacio en la fila de la caja.

En la primera vuelta escuché a una joven pedirle a su compañera le ayudara a cargar una tarima-; en la segunda, comentaban de cómo algún jefe no atendía sus peticiones y les cargaba la mano en el trabajo; “tenemos que platicarlo entre nosotras”, alcancé a oír “de pasada”.

Ahí tampoco hubo consideración alguna para las empleadas, pero como quiera la semilla del reclamo por los derechos ya estaba sembrada.

Más allá de las manifestaciones, las pancartas, los pliegos petitorios o las denuncias puntuales, armadas por colectivos a los que se sumaron muchas espontáneas, la conmemoración del Día de la Mujer, y la consumación del Día sin Mujeres, dejó muchas enseñanzas.

En la capital tamaulipeca, vimos una muy nutrida y sonora manifestación, como nunca se había visto aquí; he sido testigo de concentraciones, marchas y exposiciones independientes, en las que por años dominó la falta de respuesta a las convocatorias; esta vez no fue así.

“Eso aquí no pasa”, me repetía como muchos, cuando escuchaba de las denuncias y reclamos de trabajadoras y estudiantes en instituciones educativas de la CDMX; en la manifestación local se exhibieron nombres y presuntos excesos contra mujeres en variadas instituciones de la localidad que imperan por un cambio paradigmático.

En Netflix vi una película hindú, cuya trama es de una joven que quiere seducir a otro muchacho rico, guapo y talentoso, quien en una fiesta, la invita, con sus amigos, pero esta se arrepiente y él como quiera, abusa de ella, victimizándola luego, para evadir su responsabilidad.

“No, es no”, reza una de las frases de este movimiento.

Escuché a un amigo y compañero, al aire, en radio, repetir las cifras que compara el número de homicidios de mujeres, contra los varones asesinados, para restarle méritos al clamor social feminista.

La cuestión es que la mayoría de las mujeres muertas de manera violenta, sucumben a la fuerza y la sinrazón machista; si el homicida hubiera estado frente a otro de su misma condición física y perversión mental, tal vez no lo habría atacado o se habría llevado la peor parte: habría resultado muerto, más que matador.

Esa es la diferencia entre los homicidios de género.

Hoy sabemos que no hay día sin mujeres y su mediana ausencia, por corto que sea el plazo, tan corto como un día o unas horas, es suficiente para trastocar la vida toda en su conjunto, para todos.

Ya lo sospechábamos, pero no lo habíamos vivido.

Por eso más nos vale a todos los varones tomar conciencia, empezar a entender que las más de las veces no tenemos la razón y debemos involucrarnos cada vez más en las tareas que malamente nos inculcaron como roles de género.

Cuando hayamos dado nuestro mayor esfuerzo y pensemos que hicimos la mayor contribución, caeremos en la cuenta que todavía nos faltará mucho para acercarnos a la equidad, tan pregonada en los discursos, legislaciones, protocolos y charlas, pero nunca justamente dimensionada.

De lo que uno se entera en tan poco tiempo.

En Reynosa, el diputado local morenista RIGOBERTO RAMOS ORDOÑEZ, cuya gestión legislativa ha estado especialmente alineada con las causas de género, refrendó su intención de seguir alzando la VOZ a favor de la igualdad y erradicación de la violencia contra las mujeres.

“Los invito a que nos comprometámonos de manera individual y colectivamente a hacer todo lo posible por promover y proteger los derechos de las mujeres de modo que cada niña y cada mujer pueda vivir libre de violencia y discriminación”, dijo.

El fin de semana, aparte, el Director General de RTC estuvo en la cuna de la Universidad del Norte de Tamaulipas, Nuevo Laredo, donde tuvo una charla con el claustro y estudiantes de la carrera de Comunicación y Periodismo.

El alto funcionario federal, tampiqueño de origen, RODOLFO GONZÁLEZ VALDERRAMA recibió un reconocimiento allá, de manos del Rector FRANCISCO CHAVIRA MARTÍNEZ.

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